La justicia en Japón es muy dura. Por primera vez en 17 años que resido aqui, pude asistir a un juicio en este archipiélago, en la ciudad de Nagoya, contra una peruana, y la verdad que fue desesperante. Juez y Fiscal japonés fueron crueles contra la extranjera.

   El rostro de la peruana era lastimero. Antes de iniciarse la audiencia, la traductora nipona le dijo a “Gaby” que un “Perujin no kisha” (periodista peruano), se encuentra en la sala, y me miró como pidiendo perdón por dos de las tres acusaciones que pesan sobre ella.

   Permanencia ilegal (con doble identidad), robo de dinero y violación a domicilio son las tres causas que el Fiscal, con un fajo de documentos y unas 100 fotografías a todo color presentó ante la sala 703 del Saibansho (Corte del Ministerio de Justicia).

   Ya desde antes del inicio del juicio, la peruana daba pena, dolor y lágrima. Estaba esposada y amarrada las manos contra la cintura con una soga que era más que humillante.

   Se veía a una mujer de menos de 30 años, vestida con polo blanco, pantalón negro con rayas blancas, buzo de dormir, medias blancas y una “suripa” (sandalia), de plástico color marrón. Su cabellera pintada de castaño, denotaban las raíces negras por no tener un cuidado adecuado.

   ¿Cuál fue la causa del juicio contra Gaby?. Primero que utilizó apellidos cambiados, lo cual está penado como doble identidad. Luego, robó dinero (casi unos mil 500 dólares) e ingresó a la casa de un compatriota en Komaki, prefectura de Aichi, lo cual se tipifica como violación de domicilio.

   La peruana, cometió el hurto en noviembre del año pasado -hace 4 meses atrás-, y lo hizo, según dijo a la sala de justicia, por no tener un lugar donde dormir, al ver que nadie le daba refugio, optó por robar para subsistir, alimentarse y tener abrigo.

   Para la justicia japonesa la falta de casa y abrigo no es una justicación para cometer la fechoría. Joven y fuerte, la peruana pudo conseguir trabajo, por eso, el Fiscal fue cruel con ella. Las pruebas son condenatorias. 

   Se sabe que “Gaby” no cuenta con ningún familiar en Japón, sólo su enamorado, quien también está detenido en la prefectura de Osaka.

   La sala judicial, bastante pequeña, la conforman el juez, la secretaria, un fiscal, la abogada defensora, dos vocales, una traductora y la acusada, acompañada de dos policías, un hombre y una mujer, quienes no se le despegan para nada, aun cuando está esposada.

   Lo curioso del caso es que la peruana, luego de haber robado en la casa del compatriota, compró comida y una tarjeta telefónica, se fue a un cyber net, y luego, quiso devolver parte del dinero, unos 700 dólares. El problema fue que se equivocó de casa, y al momento de salir, olvidó su bolso, en donde encontraron sus documentos personales, siendo descubierta por el dueño del departamento. Antes, el compatriota al que robó había denunciado el hecho ante la policía, que montó guardia hasta que la capturó.

   En la audiencia, -la segunda durante los últimos 4 meses-, la peruana aceptó su culpabilidad de haber robado y violado el domicilio del compatriota, lo cual prácticamente la pone con la soga al cuello, lista para ser sentenciada, tal vez a purgar condena con trabajos forzados durante algunos años, y posteriormente su deportación a su país de origen.

   El próximo 26 de marzo, a las 15:30 horas, se dictará sentencia contra “Gaby”, por permanencia ilegal en suelo japonés con doble identidad, robo y violación de domicilio de un compatriota que había dejado su dinero al interior de su casa. 

   En Japón, el hurto se paga muy caro. Se saben de sentencias hasta por robo de chocolate, menos va a ser por ilegalidad con doble identidad, y robo de dinero con violación a domicilio. El monto no interesa, puede ser mínimo, el agraviante es el hecho mismo. La justicia japonesa es por demás dura, no importa la nacionalidad ni el color de la persona. Sino, basta preguntarle a “Gaby”, quien hasta ahora debe lamertarse su mala suerte, o ¿mala cabeza?. (Sayonara, sayonara, sayonara).